En este espacio quiero ir colgando fragmentos de escritos que hablen del campo de lo corporal.
Lo corporal desde el punto de vista de lo sentido, de lo que le ocurre al cuerpo en los diversos momentos, pensamientos, situaciones, sentimientos de la vida, viajes, experiencias. Son reflexiones, sentimientos, puntos de vista, teorías, poemas, vídeos, pensamientos, imagenes, emociones... cualquier cosa puede ser compartida aquí.
Te invito también a que si tienes algo para compartir lo escribas, lo expreses, sea tuyo o de otro, eso no importa, lo que importa es lo que cuenta y cómo lo cuenta y que para tí y para otros signifique.
Juntemos nuestros retazos, todos ellos nos forman.
Cuando emigrar es producto de un proyecto personal, puede resultar una experiencia muy positiva y enriquecedora. En los casos de fuerza mayor, cuando hay circunstancias que a uno lo obligan a irse, se agrega lo traumático. De cualquier modo, me parece conveniente tener siempre un criterio realista, porque no todo resulta “un lecho de rosas”…(en más de una oportunidad y por mucho tiempo, sólo sentí las espinas, en vez de las rosas).
“El antes, el durante y el después” constituyen un largo proceso a transitar con el cuerpo y el alma.
En el camino hay etapas o fases con sus propias características que es bueno conocer, reconocer y aceptar para hacer la travesía más llevadera.
En el “antes” están las ganas y los miedos. Las fantasías y las expectativas suelen dejar a un lado los datos objetivos y la realidad. Uno se encuentra en el medio de un torbellino de emociones que es muy difícil ordenar y manejar. Es bueno dejar que las cosas sigan su curso (y uno ir acompañando).
El “viaje hacia afuera” empieza con “un viaje hacia adentro” de uno mismo para ir explorando cada rincón interno, ver qué hay, quién está ahí y qué se siente. Empezar a reconocer las piezas del rompecabezas: “acá están mis inseguridades, mis fantasías; allá está la información que busqué; ese es el contacto que tengo para conseguir un trabajo o casa; este nombre es del amigo de mi amigo al que voy a llamar apenas llegue; etc.”
En el “durante” está la mayor movilización: llegada; adaptación inicial; el bombardeo de estímulos; conocer gente y lugares nuevos; incorporar información ilimitada y otros usos y costumbres; hacer trámites; modificar o desechar el proyecto que uno tenía; buscar casa y trabajo; aprender y/o practicar el idioma; extrañar; estar feliz; estar muy mal; querer volver; querer probar suerte en otro lugar; etc. Según mi experiencia, en esta etapa puede pasar “de todo” (desde lo más hermoso a lo más espantoso).
Hay que estar en contacto con uno mismo, muy centrado y con los piés en la tierra (“las sacudidas” pueden resultar muy fuertes y movilizadoras), hablar mucho de lo que a uno le pasa; “aferrarse con uñas y dientes” al proyecto (para protegerlo y apuntalarlo, como así también para protegerse y apuntalarse); no aislarse; hacer las cosas que a uno lo hacen sentir bien (yo por ejemplo escribo, hago gimnasia y me conecto a Internet) y no olvidar nunca que la decisión tomada fue y es “una apuesta a la vida”.
En el “después” hay básicamente dos posibilidades: o no se soporta la experiencia y se pega la vuelta o uno se adapta. En el segundo caso, las aguas poco a poco se van aquietando y aparece un nuevo ritmo, el de la cotidianeidad. Paulatinamente uno va construyendo y organizando su vida como lo hacen todos, la cual incluye una casa, un trabajo, los amigos, éxitos y fracasos, los familiares, los hijos y la escuela, alegrías y tristezas, los paseos y las vacaciones, etc.
Para arraigarse en el lugar elegido, es necesario desarraigarse del anterior, lo cual implica transitar la profundidad del dolor, la soledad y la nostalgia. Uno tiene que elaborar el duelo de lo que dejó para poder crear un espacio que se pueda “habitar” con lo nuevo, de lo contrario se vive melancólicamente la realidad de no estar en la Argentina. Se trata de acomodar cada cosa en su lugar y sumar algo más a lo que ya somos y tenemos. No tiene porque perderse nada, mas bien se puede agregar y ganar mucho. Si la apuesta es fuerte y resiste los embates propios y de la adversidad, de a poco se ven los brotes del deseo y el florecer del proyecto.
En todo este proceso no nos olvidemos de nuestro cuerpo porque es una forma de no olvidarnos de nosotros mismos. Los capítulos de esta historia se pueden leer en los músculos relajados o contracturados, las emociones, los dolores, los síntomas, las vivencias de placer y de displacer, etc. Estemos atentos y conectados…escucharlo es escucharnos.
Para finalizar, quiero transcribir un párrafo de una entrevista a una persona que también emigró y cuenta su experiencia, porque me veo reflejado en sus palabras: “Pude entender que no había perdido sino que había cambiado, y puse toda mi energía en crecer en la elección que había hecho, que era este lugar”
Reflexiones de "Cuerpo y emigración" de Luis Alberto Stoppiello
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Y tus dolores callados? Cómo hablan en tu cuerpo?
Elige alguien que te pueda ayudar a organizar las ideas, armonizar las sensaciones y recuperar la alegría.Todos precisan saludablemente de un oyente interesado.Pero todo depende, principalmente, de nuestro esfuerzo personal para hacer que sucedan mudanzas en nuestra vida
canción: El tiempo está después, de Liliana Herrero
SUEÑOS DE SEMILLA
En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semila, de alguna manera pequeña e insignificante, pero también pletórica de potencialidades.
Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.
En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.
Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas... para convertirse en arboles.
Arboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla. Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.
Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez cegadora.
Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos... Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas, que como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.
Nada hay que temer... una sabiduría interior las acompaña... porque cada semilla sabe... cómo llegar a ser árbol...
Yo tengo una casa
que viene y que va
que sube y que baja
que se encoge y se agranda
que está aquí y está allá.
Pues allí donde yo estoy,
siempre está mi casa.
Los movimientos expresivos del rostro y el cuerpo tienen gran importancia para nuestro bienestar. Son los primeros medios de comunicación entre la madre y su niño; ella sonríe -con aprobación o frunce el ceño desaprobando, y así alienta al niño a tomar la senda correcta... Los movimientos expresivos dan vivacidad y energía a las palabras pronunciadas; pueden revelar -y a menudo revelan- los pensamientos con más sinceridad que las palabras, que pueden ser falseadas. La expresión' libre de una emoción se intensifica por medio de signos externos. Poniendo a las personas en actitudes apropiadas, es posible generar pasiones. Por otro lado, la represión de todos sus signos exteriores suaviza nuestra emoción.
The Expression of the Emotions in Man and Animals, de Charles Darwin
HONRAR EL CUERPO
Gracias a la vida
que me ha dado tanto...
Violeta Parra
¿Qué es la vida sino la vida del cuerpo? Todas las percepciones y emociones, se nos hacen
tangibles a través de nuestro cuerpo.
Cuando estamos tristes nos angustiamos y sentimos una opresión en el pecho, o cuando estamos
felices y nos reímos a carcajadas o sentimos el placer de bailar, de escuchar música, esas
emociones son sensaciones corporales.
¿Acaso los poetas no han escrito que una dama se sonroja al ver pasar al hombre que ama?
Sentir el cuerpo es sentir el pulso de la vida.
Cuando estamos rígidos, con tensiones musculares crónicas, enfriamos estas sensaciones,
estrangulamos por dentro nuestros órganos hasta enfermarnos. Son intentos para no sentir.
Son pequeñas muertes. Dejar de sentir equivale a morir. Mientras estamos vivos, sentimos
y buscamos no sufrir a través de aplastar los sentimientos, de bloquearlos.
¿Alguna vez nos detenemos a sentir el latido de nuestro corazón, a registrar los movimientos
naturales de nuestras entrañas, a percibir sus sonidos interiores, a vivenciar conscientemente
nuestros pulmones que respiran sin pausa?
Raramente nos maravillamos con nuestras manos, con el tacto de la piel, con los ciclos de la vida
reflejados en el cuerpo. Lejos de eso, hay una corriente social que valoriza la juventud y su supuesta
beleza. Hoy joven es sinónimo de bello, de capaz, de apto. Sin embargo, hay belleza en la
existencia misma, en el sonido de la voz, en el brillo de la mirada, en el calor que emana del
cuerpo. Al existir ideales tan fuertemente instalados, vamos en contra nuestra exigiéndonos tener
determinada figura, enojándonos si no lo logramos. Vamos dejando marcas en nuestro cuerpo
que hasta pueden ser leídas! Todo lo reprimido, apretado, lleno de stress, ansiedad, temor,
ira, angustia, también las alegrías, los momentos de felicidad, todo está alojado en el cuerpo.
Un buen entendedor sabe leer esas marcas, sabe qué están diciendo.
Las alegrías y las tristezas que las personas vivieron a lo largo de su vida, están en el cuerpo.
El cuerpo habla, la cuestión es saber leer lo que dice. Viendo el cuerpo de una persona,
podemos darnos cuenta de su forma de ser, de su modo de vincularse con el ambiente, y de su
historia. Desde lo mental podemos negar, disociarnos, intentar olvidar experiencias dolorosas.
El cuerpo sin embargo no olvida. Cuando enfermamos creemos que ese desequilibrio empezó
en ese momento, y no es así: la enfermedad es un desbalanceo energético que lleva un largo
tiempo generar, y mucho trabajo de parte de cada persona de llevar adelante, impulsos
autodestructivos, por supuesto sin ser conscientes de esto.
Esto de hacerse daño de manera inconsciente viene a ser lo mismo que estar vivos sin plena
conciencia de estarlo. Vivimos, pero no registramos este milagro. Nos acordamos del cuerpo
cuando falla, cuando se enferma. Y así estamos viviendo sin consciencia. Como humanos
tenemos esa capacidad de conciencia, pero en general está muy atrofiada.
Nuestro cuerpo vibra naturalmente. La vibración es una manifestación del pulso de la vida. A
lo largo de la existencia vamos cercenando y limitando estas expresiones vitales naturales.
A través del trabajo bioenergético recuperamos la vibración, la respiración y el contacto con
el pulsar mismo de nuestro corazón. Conectamos con el cuerpo, dejando los pensamientos, las preocupaciones. ¿Siento mis pies? ¿Estoy relajado o en tensión? ¿Estoy apretando la
mandíbula? ¿Respiro profundamente o apenas? ¿Hay alguna opresión en algún lado?
¿Tengo ganas de llorar? ¿Tengo ganas de reír?
Nuestra historia va modelando el cuerpo. El color de los ojos, la altura y ciertos rasgos vienen
determinados genéticamente pero a lo largo de la vida y a través de las distintas experiencias
vamos adquiriendo marcas. No es igual el cuerpo de una persona que ha vivido con miedo,
que el cuerpo de alguien bien sostenido por sus padres y seguro de sí mismo desde temprana
edad. No es el mismo cuerpo el de quien ha sido educado con libertad que el de aquel que fue
forzado a reprimir sus sentimientos y expresiones naturales. Y a su vez, es a través del cuerpo
que podemos recuperar la libertad, la gracia en los movimientos, la alegría de vivir,
emocionarnos, valorarnos y expresar todo aquello que necesitemos, aunque haya cosas que
fueron guardadas, reprimidas y escondidas por décadas.
Nunca es tarde para restituir al cuerpo su vitalidad, si uno se lo propone, ya que todavía
estamos vivos.
Pensar en Sentir, de Fernando Pessoa






1 comentarios:
Me gusta, me hace pensar, la pizarra con esas frases es genial.
Un gran blog para leer con paciencia, muchas gracias Ana por compartirlo.
Fdo: Carlos Canal de Miriñaque
www.larperirosencantabria.com
Seguidor de tu blog como Bri
Publicar un comentario en la entrada